Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina
está nadando en el aire,
girando alucinada
en torno al campanario,
dejándose caer para levantarse mejor
con el impulso. Yo describo y defino
y deseo esos ríos, ella los nada.
Yo los busco, los encuentro,
los miro desde el puente, ella los nada.
Y no lo sabe, igualita a la golondrina.
No necesita saber como yo,
puede vivir en el desorden
sin que ninguna conciencia
de orden la retenga.
Ese desorden que es su orden misterioso,
esa bohemia del cuerpo y del alma
que le abre de par en par las verdaderas puertas.
