Somos de una blandura insoportable. Consentimos a cada instante que la realidad se nos huya entre los dedos como una agüita cualquiera. La teníamos ahí, casi perfecta, como un arcoiris saltando del pulgar al meñique. Y el trabajo para conseguirla, el tiempo que se necesita, los méritos que hay que hacer...
y vos ahí, y yo... uno es sensible a ciertas cosas, qué demonios.
y vos ahí, y yo... uno es sensible a ciertas cosas, qué demonios.
(J.C)