Habían pasado 3 horas y 3 estrellas por sus ojos cuando los logro abrir. Todavía podía sentir la tibia piel que lo había condenado a vivir, esa piel que resaltaba por cualquier fría caricia que había sentido jamás. Pensó por un instante que podría haber sido un sueño, pero si cuando hablaba con ella planeaban sus sueños. ¿Cómo podía ser?
El había llegado 5 minutos antes de que ella llegara 5 minutos después. Pero para que hablar de tiempo, si el tiempo no era más que una mera impresión de eso que pasa allá afuera mientras uno siente en el adentro, y sueña sus sueños, y planea sus planes más inciertos.
2 besos, 2 abrazos, dos!. Un como estas, un todo bien quizás.
Tronaba el piso de madera cuando sus pies acariciaban el barnizado, o la miel, o sus pies con miel. 2 miradas. Se rieron, sonrieron y caminaron hacia un árbol de luz. Dieron vueltas en él.
El comenzó a dibujar círculos,
con una rama,
y sin darse cuenta
terminó por dibujarla a ella,
a su lado,
otra vez.
Se dio cuenta,
y pensó pensarse tomados de la mano.
Se sentó, escondiendo sus manos entre las piernas. El se recostó sobre ellas... miraba al cielo. En realidad así se plagaba su rostro, distraído en su corazón.
Miraba el relieve de las montañas,
delineaba su boca,
Sus ojos se pensaban nubes,
nubes de las que intentan llover,
palabras?, pecas? miedos?
Una mano de ella voló siguiendo el viento, y se posó sobre la cabeza de él. El cerró los ojos y sintió el viento nacer. Las caricias lo inundaban, y él se quería ahogar, y a su vez, la quería invitar y nadar juntos, quizás aprender a nadar porque nunca había sabido que era no hacer pie.
Ella cerraba los ojos, él los abría. El viento era testigo y no iba a renunciar, sopló muy fuerte y le corrió la mano. Sopló más fuerte y la hizo besarlo.
De una vez.
Y para siempre.
miércoles, abril 23
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